«R». El Poder

A menudo se comenta, hablando de la Naturaleza, que es preciosa, armoniosa, equilibrada, cuando es todo lo contrario. La Naturaleza es caótica, agresiva, bruta, salvaje (sin piedad) y la vez, eso sí, misteriosa y compleja. Tu puedes estar disfrutando de ella, tomando una buena copa de vino, sentando en un sitio tranquilo, mientras el sol se va ocultando, dejando su reflejo anaranjado sobre las olas que rompen costa. Eso es maravilloso, las imágenes que provee la Naturaleza y los sentimientos que despierta pueden ser de enorme belleza. Pero, si estuviéramos en un lugar, no tan tranquilo, y más salvaje, más nos valdría tener cuidado porque tú, para la Naturaleza, no eres más que un saco de nutrientes.

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«R». El Inculpado

Ayer escribí una post sobre la culpa. Y es un tema muy interesante. Pero más desde el punto de vista del enjuiciador: del que echa la culpa al otro.

Hoy voy a seguir con él pero poniendo el foco en el pobrecito inculpado: la víctima.

Mirad, ese sentimiento de culpa no existiría si uno gozara de un estado emocional en equilibrio consigo mismo. Esto es la primera cosa. Si tu eres una persona fuerte emocionalmente va a ser difícil que le permitas, o mejor dicho que te permitas, sentirte culpable.

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«R». La Culpa

Del lat. culpa.
  1. f. Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta. Tú tienes la culpa de lo sucedido.
  2. f. Hecho de ser causante de algo. La cosecha se arruinó por culpa de la lluvia.
  3. f. Der. Omisión de la diligencia exigible a alguien, que implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal.
  4. f. Psicol. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.

La culpa es un sentimiento muy destructivo. Tanto como si la culpa se la «echamos» a alguien, y creo que está muy bien escogido el verbo: «echar», como el que le echa los restos de comida a las alimañas o echar el cubo de agua sucia a la acera después de haber limpiado el bar, como si alguien nos la echa a nosotros. En el primer caso somo los jueces y en el segundo somos los acusados.

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«T». Una Primera Noche (5)

La palpo por dentro. Su jugo es abundante, y al tirar de ella hacia mí —repetidas veces—, parece romperse un globo de agua en su vagina. Esta carne blanda y húmeda es lo que guardan, lo que protegen sus bragas.
La chica aspira profundamente, y abre sus ojos de par en par. «No, no, no… ¿Qué haces?» 
Aunque no es un susurro, modula la voz para que no se le oiga en la otra parte del local. Enseguida, consigue sacar su mano de mi pantalón, y me empuja. Intenta zafarse de mí. «Hacer que te corras en la parte de atrás de un pub —digo sonriendo, intentando empatizar con ella— Nadie se enterará. Dime ahora si te has sentido incómoda besándome. Dímelo.»
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«R». Dí NO.

Nadie en nombre del “amor” tiene el derecho de joderte la vida. Es cierto que “joderte la vida» es algo que se siente, por lo tanto es una emoción que se produce a través de unos pensamientos que se generan en ti. Y en teoría, siendo una persona emocionalmente muy fuerte, podrías llegar a que no te dañaran. Estamos de acuerdo.

No nos engañemos. Todavía «R», no es la evolución final del pokemon. Ahora esta en fase 2, y quedan más por descubrir. Y lo que voy contar ocurría en la primera evolución: cuando era el pequeño insignificante pokemon «r».

«R». Vacío

Antes de nada me tengo que perdonar seguir hablando de relaciones, pero no puedo decir todo esto sin referirme a ellas…

1. Presentación

Una de las consecuencias de dejar una relación cuando eres un dependiente emocional (veremos más adelante que esta no es más que una «pata» más del mismo problema), es que te deja destrozado.

Tanto tiempo fundiéndote con la otra persona, buscando complacerla, aliniénandote con ella, termina por acabar contigo. Tú te conviertes un poco en esa persona, eres un apósito, como un parche pegado a su cuerpo. Cuando esa persona se va, ya no eres nadie.

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