«T». Número 12: Volcando información sobre la Realidad

Son las 6.55 de la mañana. Hace algo de frío. Voy a ducharme y a desayunar. Después, me espera una lista de tareas. Tareas que yo escogí ayer noche, y que han de acercarme a mis objetivos. Aunque lo más importante no son los objetivos en sí. Lo esencial es mantener el ritmo, mantener la rueda en movimiento. Porque así, ‘vives’, entras en contacto con el entorno, intercambias actos y vuelcas tu mente y tu cuerpo en la realidad.  Sigue leyendo ««T». Número 12: Volcando información sobre la Realidad»

«T». Número 10: El Plan (IV)

Hoy el sol ha vestido las fachadas de la ciudad con una gasa tibia, anaranjada.
Y aunque hemos llegado al otoño, parece el principio de la primavera. Supongo que es cuestión de mentalidad. En el edificio de enfrente, las ventanas están abiertas. La gente aparece y desaparece. Muestra su vaivén y un pedazo de vida, a cambio del aire y el sol.
En esa rutina controlada que no hay miedo a esconder, encontramos, por ejemplo, a Señorita Delicada —y su coleta rubia, con forma de pincel lustrado—, que ahora teclea en su portátil; que hace una pausa para tomar en sus manos una taza de té. Sigue leyendo ««T». Número 10: El Plan (IV)»

«T». Número 8: El Plan (II)

Ahora ya es de madrugada. No debería haber tomado ese café. Sin embargo, ya que no voy a dormir mucho, intentaré aprovechar la noche. Aunque esté solo. ¡Qué demonios, me encanta vivir de noche!

En realidad, me desenvuelvo bien a estas horas. Y mientras rondo por la casa como si ésta fuera un baluarte de un mundo deshabitado, ojeo libros, o escucho música. También imagino historias; o busco botellas que aún contengan algo de licor (después de la última e idéntica búsqueda); hago planes activos para el presente y el futuro y, ¿por qué no decirlo?, a veces recibo visita de fantasmas del pasado. Sigue leyendo ««T». Número 8: El Plan (II)»

«T». Una Primera Noche (y 6)

Me distraigo al oír los primeros acordes de una canción. Una que no escuchaba hace tiempo. Así que vuelvo a la otra realidad. A la que se supone que es más cierta. Estoy sentado a la barra. Y la camarera (la chica) termina ahora de cortar las limas. Para cócteles, supongo.
Toda esa fantasía sexual… ha ocurrido en segundos… Joder, a veces me sorprende la velocidad a la que trabaja la mente. Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (y 6)»

«T». Una Primera Noche (4)

(Si llegas aquí por primera vez, es posible que quieras empezar por el principio de esta historia. Sigue este enlace y los que encontrarás al final de cada entrada. Y ahora, seguimos…)
Cuando la suelto, lo hago más por mantener las formas (las que se pueden mantener aún) que por deseo. Lo que siento, de hecho, no es exactamente excitación. Tiene que ver más con el ansia y el hambre. Con exprimir ese cuerpo —que rebosa un olor a mujer preñable— hasta la extenuación; con llenarlo y fatigarlo a empellones, con usarlo y consumirlo, con volverlo sucio, con engullirlo de forma salvaje.
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«T». Una Primera Noche (3)

No me vuelvo. El tipo se ha sentado a la barra, detrás de mí. Le oigo pedir un cubata. La chica, enseguida, vierte hielos en una copa. Y el líquido cae sobre ésta después. Ahora, siento una sensación cálida en el cuerpo. Siempre he asociado al calor el alcohol sobre el hielo. Chasquean los cubitos, y los imagino bañados en el ron, oscuro y dulce.
Un periódico —o una revista— se abren entonces a mi espalda, y los pasos de la chica se acercan. Cuando para frente a mí, aún dentro de la barra, giro la cabeza. La miro. Arrastro mi cerveza, acercándosela, y se la ofrezco en silencio. Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (3)»

«T». Una Primera Noche (2)

Este post sigue a «T». Una Primera Noche (1)
Noto entonces una erección de caballo (en el mundo real y en el paralelo).
La chica se mira la mano. Parece pensativa. Tal vez espera una información sobre sí misma que, por alguna caprichosa razón, yo puedo ofrecerle.
Luego pregunta: «¿Porque soy joven?» Bebo un sorbo de cerveza más. Y respondo, con fingida indiferencia: «Sí. Eso es». La chica me mira fijamente. Pasan un par de segundos; y enseguida, ríe. «Claro, sólo puedes sacar la información… dándome un beso, ¿no?» Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (2)»

«T». Una Primera Noche (1)

Soy «T». También tengo ‘taytantos’. Mido 1’83, estoy bien formado y poseo una mirada expresiva que moldeo con destreza para declarar lo que siento o deseo. Pero al contrario que mi amigo «R», he decidido que mi historia se desarrolle paso a paso, evitando hoy al menos un relato sobre mi situación específica actual.

Quizá lo mejor sea empezar por un día cualquiera. Por ejemplo, por esta misma noche. ¿Por qué no?
Es octubre, son las 21.45, y camino por las calles de una gran ciudad. Podría empezar entonces por decir que entro a este bar… Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (1)»