«T». Una Primera Noche (3)

No me vuelvo. El tipo se ha sentado a la barra, detrás de mí. Le oigo pedir un cubata. La chica, enseguida, vierte hielos en una copa. Y el líquido cae sobre ésta después. Ahora, siento una sensación cálida en el cuerpo. Siempre he asociado al calor el alcohol sobre el hielo. Chasquean los cubitos, y los imagino bañados en el ron, oscuro y dulce.
Un periódico —o una revista— se abren entonces a mi espalda, y los pasos de la chica se acercan. Cuando para frente a mí, aún dentro de la barra, giro la cabeza. La miro. Arrastro mi cerveza, acercándosela, y se la ofrezco en silencio. Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (3)»

«T». Una Primera Noche (1)

Soy «T». También tengo ‘taytantos’. Mido 1’83, estoy bien formado y poseo una mirada expresiva que moldeo con destreza para declarar lo que siento o deseo. Pero al contrario que mi amigo «R», he decidido que mi historia se desarrolle paso a paso, evitando hoy al menos un relato sobre mi situación específica actual.

Quizá lo mejor sea empezar por un día cualquiera. Por ejemplo, por esta misma noche. ¿Por qué no?
Es octubre, son las 21.45, y camino por las calles de una gran ciudad. Podría empezar entonces por decir que entro a este bar… Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (1)»

«R». Si tú cambias, todo cambia

Un puto niñato, aunque trabajador. Si tuviera que resumir mi actitud antes la vida en las relaciones (de todo tipo: amistad, pareja, de trabajo) que he tenido, ese sería el resumen en una frase. Un niño mayor cabreado con el mundo porque no funciona de la manera que él espera.

  • La relaciones no funcionan como él espera.
  • Las personas son malas y hieren.
  • La gente es estúpida, son unos ensimismados y solo se preocupan de ellos mismos.

Sigue leyendo ««R». Si tú cambias, todo cambia»

«R». Anteriomente «r»

Soy «R», o identidad «R». Una persona finalizando sus treinta que lo tiene todo: una familia maravillosa, un puñado de muy buenos amigos y un amigo fabuloso, «T»; salud, buen físico, buen trabajo, comodidades. Todo.

(antes de nada y por si no lo habéis hecho ya, os invito a leer ¿Por qué EdC0?)

Vamos allá –

Gracias L., perra, por haberme dado la hostia definitiva y haberme enfrentado con mis propias miserias. Sin ti quizás esto hubiera tardado más, aunque estoy convencido de que hubiera ocurrido igualmente.

Sigue leyendo ««R». Anteriomente «r»»