«T». Una Primera Noche (y 6)

Me distraigo al oír los primeros acordes de una canción. Una que no escuchaba hace tiempo. Así que vuelvo a la otra realidad. A la que se supone que es más cierta. Estoy sentado a la barra. Y la camarera (la chica) termina ahora de cortar las limas. Para cócteles, supongo.
Toda esa fantasía sexual… ha ocurrido en segundos… Joder, a veces me sorprende la velocidad a la que trabaja la mente. Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (y 6)»

«T». Una Primera Noche (4)

(Si llegas aquí por primera vez, es posible que quieras empezar por el principio de esta historia. Sigue este enlace y los que encontrarás al final de cada entrada. Y ahora, seguimos…)
Cuando la suelto, lo hago más por mantener las formas (las que se pueden mantener aún) que por deseo. Lo que siento, de hecho, no es exactamente excitación. Tiene que ver más con el ansia y el hambre. Con exprimir ese cuerpo —que rebosa un olor a mujer preñable— hasta la extenuación; con llenarlo y fatigarlo a empellones, con usarlo y consumirlo, con volverlo sucio, con engullirlo de forma salvaje.
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«R». Toca Empezar (1)

Toca empezar.

Ahora has visto parte, o al menos estas tratando de ver, con tus ojos bien abiertos como platos, qué es lo que está pasando. Le estas por fin dando un sentido a tus tinieblas que antes creías hacían una fortaleza inexpugnable. Te has metido por una de sus puertas traseras y caminando por los laberintos has ido abriendo, una por una, las puertas de tu propia mente. Aún hay algunas cerradas con llave. Ya la encontrarás. Estas firmemente convencido de tienes que hacer algo, sin embargo no sabes ni por donde empezar.

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«R». Aceptación

Para mí, el comienzo de todo: ponerse frente al espejo y observar detenidamente lo que aparece ante ti.

Es muy íntimo, privado y has de hacerlo con mucha humildad, también honestidad. Algo que tiene que salir de ti, y solo de ti. Te pone frente a lo que eres y te da un pulsera «all inclusive» hacia la aventura de tu descubrimiento.

Sin darme me cuenta, se me ha ido un tercio de mi vida escapando de ese momento, de ese ejercicio vital tan importante, intuyendo que había cosas que no funcionaban correctamente, siempre teniendo la impresión de estar huyendo y actuando en una especie de obra teatral, medio real medio imaginaría, en la cuál ni siquiera me sentía el protagonista.

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«T». Una Primera Noche (2)

Este post sigue a «T». Una Primera Noche (1)
Noto entonces una erección de caballo (en el mundo real y en el paralelo).
La chica se mira la mano. Parece pensativa. Tal vez espera una información sobre sí misma que, por alguna caprichosa razón, yo puedo ofrecerle.
Luego pregunta: «¿Porque soy joven?» Bebo un sorbo de cerveza más. Y respondo, con fingida indiferencia: «Sí. Eso es». La chica me mira fijamente. Pasan un par de segundos; y enseguida, ríe. «Claro, sólo puedes sacar la información… dándome un beso, ¿no?» Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (2)»

«T». Una Primera Noche (1)

Soy «T». También tengo ‘taytantos’. Mido 1’83, estoy bien formado y poseo una mirada expresiva que moldeo con destreza para declarar lo que siento o deseo. Pero al contrario que mi amigo «R», he decidido que mi historia se desarrolle paso a paso, evitando hoy al menos un relato sobre mi situación específica actual.

Quizá lo mejor sea empezar por un día cualquiera. Por ejemplo, por esta misma noche. ¿Por qué no?
Es octubre, son las 21.45, y camino por las calles de una gran ciudad. Podría empezar entonces por decir que entro a este bar… Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (1)»

«R». Si tú cambias, todo cambia

Un puto niñato, aunque trabajador. Si tuviera que resumir mi actitud antes la vida en las relaciones (de todo tipo: amistad, pareja, de trabajo) que he tenido, ese sería el resumen en una frase. Un niño mayor cabreado con el mundo porque no funciona de la manera que él espera.

  • La relaciones no funcionan como él espera.
  • Las personas son malas y hieren.
  • La gente es estúpida, son unos ensimismados y solo se preocupan de ellos mismos.

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«R». Anteriomente «r»

Soy «R», o identidad «R». Una persona finalizando sus treinta que lo tiene todo: una familia maravillosa, un puñado de muy buenos amigos y un amigo fabuloso, «T»; salud, buen físico, buen trabajo, comodidades. Todo.

(antes de nada y por si no lo habéis hecho ya, os invito a leer ¿Por qué EdC0?)

Vamos allá –

Gracias L., perra, por haberme dado la hostia definitiva y haberme enfrentado con mis propias miserias. Sin ti quizás esto hubiera tardado más, aunque estoy convencido de que hubiera ocurrido igualmente.

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