«T». Número 7: El Plan

Han pasado unos días desde que salí con «P». La noche fue normal. Agradable. Pero no vivo un momento en el que sienta que así deben ser las noches.
Esto lo pensaba también entonces, mientras caminábamos por grandes avenidas —salpicadas de pubs, restaurantes, de teatros y cines— o por algún barrio pequeño (con sus bares, escondidos y peculiares). Hablábamos («P» tiene buena conversación) y, desde luego, nos emborrachamos («P» también tiene buen beber). Pero de alguna forma, me sentía alejado de allí, de los locales a los que entrábamos, de las calles y plazas llenas de gente. Sigue leyendo ««T». Número 7: El Plan»

«T». Una Primera Noche (4)

(Si llegas aquí por primera vez, es posible que quieras empezar por el principio de esta historia. Sigue este enlace y los que encontrarás al final de cada entrada. Y ahora, seguimos…)
Cuando la suelto, lo hago más por mantener las formas (las que se pueden mantener aún) que por deseo. Lo que siento, de hecho, no es exactamente excitación. Tiene que ver más con el ansia y el hambre. Con exprimir ese cuerpo —que rebosa un olor a mujer preñable— hasta la extenuación; con llenarlo y fatigarlo a empellones, con usarlo y consumirlo, con volverlo sucio, con engullirlo de forma salvaje.
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«T». Una Primera Noche (3)

No me vuelvo. El tipo se ha sentado a la barra, detrás de mí. Le oigo pedir un cubata. La chica, enseguida, vierte hielos en una copa. Y el líquido cae sobre ésta después. Ahora, siento una sensación cálida en el cuerpo. Siempre he asociado al calor el alcohol sobre el hielo. Chasquean los cubitos, y los imagino bañados en el ron, oscuro y dulce.
Un periódico —o una revista— se abren entonces a mi espalda, y los pasos de la chica se acercan. Cuando para frente a mí, aún dentro de la barra, giro la cabeza. La miro. Arrastro mi cerveza, acercándosela, y se la ofrezco en silencio. Sigue leyendo ««T». Una Primera Noche (3)»

«R». El Amor (1)

Amor. Qué palabra.

 ¿Voy a intentar definir el amor? No.
Mirad, hoy dejé mi relación con la chica a la que amo. Me he encontrado bastante triste todo el día, pero sin embargo no me he dejado llevar por sentimientos de resentimiento, queja y dolor. Me duele, es cierto, pero recordar: no somos nuestros pensamientos.
Al llegar a casa y después de hablar con mi maravilloso compañero de viaje, me puse a leer algo sobre la inutilidad de la crítica. Esta lectura ha sido tremendamente reveladora, motivadora y también me ha aliviado mucho.

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