“R”. ¿Por qué?

Una larga temporada ha pasado desde que escribimos por última vez, y una todavía más larga desde que comenzamos a escribir este blog.

Tiempo en el cuál muchas cosas de las que nos han pasado no han quedado escritas, ni quedarán (al menos en mi caso), porque ha sido una temporada de reflexión serena, bastante más interna que la primera explosión inicial llena de descubrimientos que me quemaban por dentro y sentía el deber de exhibirlos.

Me siento profundamente orgulloso de haberlo podido plasmar a mi manera, una veces con más acierto que otros, pero siempre hablando desde la capa más interna y de la misma manera sencilla en que mis sentimientos, pensamientos y emociones me hablan a mí.

Naturalmente no me apetece estar siempre indagando y escudriñando en mis adentros para descubrir mis patrones escondidos. Es un trabajo doloroso, pero necesario si realmente estas dispuesto a enfrentarte a tu realidad y estas decido a empezar de cero. Me agrada enormemente haber tenido la suerte de compartir esos descubrimientos con @tabs17 y, sin quererlo, hemos llegado a muchas interesantes conclusiones que fueron confirmadas después por muchas lecturas, que en ese momento ni si quiera sabíamos que existieran. El mundo es viejo y todo esta escrito.

Felizmente doy esa fase por acabada.

Seguro que todavía descubriremos mucho más, pero también estoy seguro que se presentarán de que esos descubrimientos se presentarán de una manera mas calmada.

Puedo decir ahora que ya me he comenzado a conocer, empiezo a dibujar una silueta, y esa silueta es finalmente “R”. Si bien esta silueta no se dibuja de la misma manera que antes. Reconozco que iba demasiado deprisa, unas veces me reconocía y llevaba a un estado de euforia, y en muy poco espacio de tiempo, me hundía hasta parecerme no estar en ningún lado en absoluto. Esto produce una especie de montaña rusa que me ha estado afectando mucho en los últimos meses. Llegué incluso a pensar, que quizás la batalla estaba perdida, que no habría forma de recuperar el cuadro final en el cual me muestro y puedo reconocerme, y me llenaba de angustia pensar que no podría establecer un equilibrio de fuerzas entre mis distintos yo-es.

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No es que ahora pueda decir que todo eso es historia, porque esa historia también soy yo, pero la vivo como dije anteriormente, de una manera más serena. Ni me voy a la euforia del que se levanta uno una mañana y dice: ¡Oh! ¡El mundo que maravilla! ¡Me lo voy a comer! Ni tampoco me voy a cama sin saber qué cojones hago sobre este mundo, o
planteándome continuamente si valgo o no valgo.

Se me hace muy agradable estar pasando por un período de una relativa tranquilidad, donde por lo menos me permito ser paciente conmigo mismo, sin llegar a las cimas ni tampoco hundirme en el infierno.

 

Si bien durante este año y medio he estado focalizado en desenmarañar el qué, ahora estoy trabajando ahora en encontrar mis motivos, el porqué. Por qué he podido durante tantos años llegar a ser mi peor enemigo, por qué me empeño en ponérmelo más difícil que cualquier enemigo que haya podido nunca tener.

Poco a poco voy haciendo nuevos descubrimientos, entre ellos, y voy a compartir dos que
me parecen muy significativos y a los que atribuyo una gran importancia en mi desarrollo:

  1. El adiós a la infancia y paso a la juventud.
  2. El miedo a no tener miedo.

El adiós a la infancia y paso a la juventud

Sobre esto tengo que decir que efectivamente creo que se pudo dar una desconexión en mi personalidad en torno a los 12-13 años, motivados por eventos familiares, que fueron sin duda más importantes e intensos para mí de lo que aparentemente fueron.

d5300755c020163afd1026ed52abe04eDí algunas pincelas en algún post anterior y comenté que para para mí, mi infancia y todo lo que la rodeaba: los veranos en bici con las gotas de barro caliente salpicando nuestras espaldas, el amor verdadero, sencillo inocente y llano de mi familia y mis amigos; fue sin duda la época más feliz en mi vida. Y hace muy muy poco que he recordado como eran aquellas emociones y cómo aprendí a añorar (quizás demasiado) aquella etapa de la que no me pude despedir de la manera adecuada.

Ahora entiendo mucho mejor esos conceptos de la teoría del apego: la ruptura y la reparación; y me doy cuenta de que de alguna manera, no pude decir adiós a mi infancia.

Cuando yo tenía trece años, dos de mis hermanos enfermaron súbitamente al traspasar la pubertad y enfrentarse con la realidad de la vida, del interés
particular, el amor interesado, de la filosofía del instituto… y ese nido tan bien protegido
y amado en el cuál yo me hallaba: se quemó. El núcleo familiar se vino abajo, y todo lo que recuerdo de aquellos momentos es la rabia que me daba haber crecido y todo se estuviera yendo al carajo.

Conforme iba conociendo más de la gente (en general), de la amistad, del amor, me daba cuenta de ya no había nada sano en ninguna de ellas. La misma gente podía ofrecerte la amistad en un momento determinado, al siguiente era capaz de sacar la espada para poderse pasar unas risas a costa de ti sacando cualquier trapo miserable. Supongo que nunca llegué a aceptar cómo las cosas estaban cambiando, ver a mi hermano, al que quería profundamente, caminando por la casa como un zombie, habiendo perdido
su bella personalidad, teniendo que empezar de cero a vivir una vida como un enfermo mental.

Los veranos se acabaron, las familias discutieron por un pedazo de terreno y mis primos y hermanos crecían, pasando ya a otro tipo de preocupaciones, necesidades y de formas de diversión. Puede que en ese momento sepultara una parte de mí, sin establecer una verdadera transición entre mi yo niño y mi yo adolescente.

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A partir de ese momento empecé a construir sin saberlo muy bien un yo más oscuro,
envuelto en mi música, mis ordenadores y mis comics, pero todavía añorando demasiado el cariño y amor de verdad experimentado en mi niñez. Incapaz de poder reconciliar el presente con el pasado. Me doy cuenta que no pude asumir esa diferencia tan drástica en tan poco tiempo.

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Eso es todo lo que sé ahora mismo de esa ruptura sin reparación. Espero poder seguir descubriendo nuevas cosas en los próximos meses y que por fin pueda decir adiós, y darle un buen abrazo de despedida, a ese capítulo de mi vida sin que se me llene el corazón de emoción y los ojos de lágrimas.

 

Entonces empezaré verdaderamente a vivir mi vida de adulto, esa que por tanto años me he negado a aceptar.

 

 

 

El miedo a no tener miedo

Una frase que creo que resume de manera precisa mi sentimiento actual.

El miedo es algo que ha estado arraigado profundamente en mi manera de sentir y de vivir mis relaciones sociales y de alguna manera me he acostumbrado a pensar: todos te harán daño. Posteriormente y con el paso de los años ha ido degenerando en: te hacen daño porque tu no vales.

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Me doy cuenta, de que a través de los años he creado un habitáculo cerrado y protegido con paredes pintadas de hormigón pero hechas de adobe, y de que he encontrado confort y seguridad dentro de él.

El mecanismo es este: sé que no tener miedo implica salir más al mundo, expresarse,
conocer gente, y como consecuencia es volver a enfrentarte a todo aquello que una vez (cuando tuve 12-13 años) no pude superar. Enfrentarte a que el mundo es así, no puedes aspirar a obtener de la gente (ni tampoco realmente es necesario) el mismo tipo de amor verdadero que encontrabas en la niñez y muchas veces, puede ser muy cruel.

De ahí también viene la sensación de estar huyendo de todo y de ser un impostor: no quiero estar aquí, quiero esconderme, porque si no me escondo me hacen daño.

Sé que no tener miedo me expondría a un nuevo mundo y que podría no estar preparado.

Pero voy a aceptar el reto, si bien no de una manera excitada. Como he dicho antes he tenido suficientes montañas rusas ya, no quiero ni la depresión ni la excitación,  quiero tranquilidad, y sobre todo: equilibrio. No voy a levantarme una mañana y decir: ya no tengo miedo, soy una persona nueva y me voy a comer el mundo. No.

Quiero simplemente conocerme y darme la mano a mi mismo, a través del conocimiento.


8796f130d63e5d9ca7681a31b211edc1He empezado a perfilarme. Quiero, con el tiempo, poder llenar el interior del dibujo, e ir dándole color.

Por el momento eso es lo que tengo: un perfil, pero estoy contento de ir dibujándolo con pausa y de manera calmada. No tengo prisa.

Han sido muchos muchos años de ir huyendo de mi mismo, sin saberlo, no puedo pretender encontrarme a la vuelta de la esquina.

Lo que sí se ahora, es que está al alcance y de que podré conseguirlo.

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