“R”. Aceptación

Para mí, el comienzo de todo: ponerse frente al espejo y observar detenidamente lo que aparece ante ti.

Es muy íntimo, privado y has de hacerlo con mucha humildad, también honestidad. Algo que tiene que salir de ti, y solo de ti. Te pone frente a lo que eres y te da un pulsera “all inclusive” hacia la aventura de tu descubrimiento.

Sin darme me cuenta, se me ha ido un tercio de mi vida escapando de ese momento, de ese ejercicio vital tan importante, intuyendo que había cosas que no funcionaban correctamente, siempre teniendo la impresión de estar huyendo y actuando en una especie de obra teatral, medio real medio imaginaría, en la cuál ni siquiera me sentía el protagonista.

Cuando empecé a abrir los ojos, me encontré terriblemente solo. Yo estaba allí, pero estaba solo y lo que es más importante, vacío. Aún así, allí estaba. Descubrí a una persona débil, sin ilusiones, sin proyectos reales, sin apenas amigos, sin motivaciones, pasando la papeleta de la vida como si fuera una obligación. Ahora sé que estaba deprimido realmente, una depresión que había durado durante años y que no había sabido ver.

Estaba frente al espejo. Me miré el cuerpo, y poco a poco fueron apareciendo las yagas, algunas sangrantes y muchas otras muy muy escondidas, y sé que todavía hay muchas otras que están en lo más profundo, quizás de mi subconsciente y que tendré que trabajarlas para sacarlas a la luz.

Aceptarse amigos, es jodidamente duro, a veces sientes vergüenza, empiezas a escudriñar y descubres pozos llenos de fango. Te preguntas cómo ha sido posible que alcanzaras ese punto, cómo te has podido negar a ti mismo tanto tiempo, ¿cómo es posible que te hayas convertido en tu peor enemigo?

— Recuerda siempre que no solo tienes el derecho de ser un individuo, tienes la obligación de ser uno.— Eleanor Roosevelt.

Pasan los años, sobrevives en tus diferentes ambiente jugando tu papel, pero te pesa. Huir de ti mismo te llena de angustia y ese teatro empieza a fallar. La gente que tienes cerca empieza a ver lo que hay de verdad, tú te das cuenta, pero no sabes todavía realmente de qué va todo eso. Te proteges en la rutina, en aquello que conoces, te anclas a lo que alguna vez fuiste, y a aquellas personas que te recuerdan de esa manera. Sin embargo, todo llega. Tú yo, tu verdadero ser, tu esencia, están reclamando su espacio, y lo están pidiendo a gritos. Cuando las situaciones te descubren, sobre todo en aquellas situaciones imprevistas, en las cuales saltan tus reacciones de protección automáticas de manera instantánea, te revelas, y dejas ver. Dejas ver que hay algo no funciona bien en ti. No quieres que nadie vea tu debilidad, y la tapas, reaccionas, te envuelves de ira, pero todo eso no hace más que dejar aún más patente el problema que tienes.

Llega un momento en el que ya no puedes más, la rutina ya no te protege, sigue la terrible angustia vital, y amigos, no sabes qué hacer, porque no sabes qué ocurre, todavía no estas preparado para verlo.

Salía de mi casa cada mañana, y odiaba encontrarme gente en el ascensor, se me hacía eterno, miraba para abajo, y me sentía un ser infinitamente pequeño. En mi bloque había un gimnasio sin embargo yo no iba porque me daba pánico, pensaba: me van a criticar, no voy a saber cómo coger una pesa, voy a tener un conflicto si quiero coger una máquina que está en uso… Lo siento, pero ahora lo escribo y siento algo de vergüenza, pero a la vez ¡me parto el ojete! Lo mismo pasaba con la piscina, mi pareja “S.”, estaba siempre diciéndome, “venga, vamos a bajar un rato a la piscina”, y yo, enfureciendo, “que no, que no me gusta el agua, que no apetece ver a los vecinos” ¡Para qué ir a la piscina en un sitio donde en verano se sobrepasan los 40 grados fácil! ¡Qué idea tan ridícula.

Un sin sentido amigos. Así era con todo, todo me daba miedo. Me daba miedo pasar a un bar donde hubiera gente, me daba miedo pedir, me daba miedo manifestarme, no quería conversación, no quería opinar de nada, no quería llamar la atención, quería pasar desapercibido ¡quería dejar de existir! Mantuve todo eso en secreto, claro, porque son unas cosas que vaya, no puedes ir dándoles mucho aire, son debilidades muy íntimas, hacen daño reconocerlas. Yo era un tío guapo, con buen físico, con buen trabajo, una nueva muy guapa, envidiado por muchos, y joder, la puta realidad me pesaba como una losa de una tonelada. No me soportaba a mí mismo y me creía un ser insignificante sin derecho a nada. Y lo era.

A todo lo anterior hay que añadir la tensión en mi trabajo, la cuál iba increscendo. Estaba siempre rayado, pensando en mis paranoias, siempre incómodo con mis compañeros, a quienes veía siempre por encima de mi, saltando sobre mi espalda y echando carcajadas. Bueno, llegado a ese punto que ya no podía aguantar más, decidí ir a un psicólogo. A “S.” por supuesto no le dije nada, ella me maltrataba psicológicamente (esto es cierto) y haberlo hecho hubiera sido darle una razón más para recibir más puñaladas. Se lo tuve que decir más tarde porque pensaba que me estaba acostando con otras (ya os podéis imaginar, romper la rutina, llegar 2 horas más tarde a casa todos los días de la semana x). Después ocurriría que efectivamente lo utilizó en sus maltratos para buscar humillarme más.

Bueno, dejando a parte ese tema, el caso que fui allí. El tío era bastante simpático, pero no me daba la impresión de que llegara a ver lo que había detrás de mi fachada. Tener en cuenta en aquel momento yo todavía no me daba cuenta de un tercio de lo que me estaba ocurriendo, y que además siempre he sido buen actor y no me ha costado dar una imagen trastocada, o llevarme a las personas hacía donde yo quería. Un día me pidió hacer un mindmap de lo que me pasaba, y a la sesión siguiente se lo llevé. Era una obra de arte. Había una nueve de óvalos con títulos tales como: falta de autoestima, infravaloración, dependencia, angustia, miedo, falta de pasión, expectativas, incompetencia, teatro, mentira, ira… Un buen montón de óvalos todos enlazándose entre sí, marcando dependencias de unas emociones con otras, marcando más grueso cuando los estados tenían un peso más específico. Estaba precioso, y ¡que pena no haberlo conservado!. En aquel momento el centro de todo era el “miedo”, era al que llegaban todas las líneas. De haberlo hecho hoy, estoy seguro que el centro de todo pondría la autoestima, el amor propio. Pero todavía no había ni empezado a ver…

Resulta que con el tiempo, estuve 6 meses, él empezó a tener más confianza y ya me hablaba de las tías buenas que había visto durante la semana, de sus movidas con su mujer y nos liábamos a hablar de música. Total, que lo dejé y la verdad es que me sirvió para conocerme más en algunos puntos, pero no para mucho más, no llegamos a profundar, a ver eso que había más allá de lo que yo dejaba ver.

De alguna manera algo ya había comenzado en mí, estaba dispuesto al menos a investigar. No era poco. Estaba empezando a ver cosas, pero todavía seguía siendo una víctima. No me cansaré de decirlo, dejar de ser víctimas, amigos. Ser víctima te deja inutilizado puesto que las víctimas no pueden hacer nada para cambiar su destino. Todavía seguía culpando a agentes externos, a quiénes echaba la culpa de cosas que me pasaban.

Al poco tiempo de aquello, fui consciente de los tóxica que estaba siendo mi relación con “S.”. Unos meses antes de casarme y volviendo del entierro de un tío mio, cuando llegué a casa y totalmente convencido de hacer algo con mi vida, decidí dejarla. Sabia decisión.

Sin embargo todavía no había llegado al punto, todavía no. Estaba muy verde, aunque que el caldo de cultivo ya se estaba tornando más solido y de color marrón, adquiriendo sustancia. Tras “S.”, tuve un par de relaciones cutres, animadas por la necesidad de estar con alguien que me diera su calor y cariño, y ¡tachán! apareció “L.” en mi vida. Como ya conté en Vacío, esa caída en el abismo fue la que puso mi cabeza sobre la guillotina, y liberó la cuerda. Toqué fondo, estaba literalmente hundido, me habían abandonado, como un perro. La primera vez en mi vida que me pasaba y me presentaban mis restos de manera tan clara, y quizás también mezquina.

Me permito un alto en el camino para hacer un apunte sobre “T.” y yo, “R.”. Curiosamente, en aquellos momentos del inicio del autodescubrimiento, comencé a conversar nuevamente con “T.”. Por distintos motivos habíamos estado distanciados durante años. Ambos somos muy amigos desde pequeños y pasamos gran parte de nuestra infancia, adolescencia y juventud juntos. Y curiosamente, ambos estábamos atravesando por la misma situación: extraño, pero igualmente cierto. Cuando empezaba a hablar con él, y revisábamos nuestras actitudes, los comportamientos, las reacciones, emociones y pensamientos, era como escuchar mis propios pensamientos en boca de otra persona. A menudo cosas que me decía, no podría haberlas descrito mejor, y me ayudaba porque me era como hablar con mi espejo. ¡Joder! ¡No estoy loco! ¡Le pasa a más gente! Muy extraño que los dos también, acabáramos justamente de pasar por un relación traumática y fracasada, otra de las muchas. Hablar y conversar largo, aunque a distancia, nos ayudó a ir poniendo nombre a las cosas, ¡qué importante es! Fuimos creando la figura del enemigo interior (o lo que normalmente se suele llamar EGO), en fin, qué agradable encontrar alguien con quién compartir vergüenzas, debilidades, miedos, anhelos, y como no, también proyectos como este. Gracias “T.” por haber estado y estar ahí, siempre.

Ese fue el camino hacía lo que comentaba al comienzo del post, hacia la aceptación: la  revelación. Tuve que cubrirme de fango hasta las orejas para estar lo suficientemente angustiado para coger fuerza y salir. Era eso o decidir por dejar de luchar. Y tomé la decisión firme de vivir.

A partir de ahí viene lo complicado, porque empiezas a ver, ves un hilillo, una punta surgiendo de una de tus yagas y comienzas a tirar de ella, y sigues tirando y sigues cogiendo hilo y sigues y sigues… Coges otra punta, y así una tras otra, muy a menudo un hilo esta atado con otro, y se levanta otro surco en tu piel, duele, y nace otra yaga. Y duele amigos. Al principio te da verdadera vergüenza lo que ves, pero después vas sintiendo como una especie de paz. ¡Ostias de pronto las cosas empiezan a encajar por fin! Vas viéndote a ti, en todos los aspectos de tu vida, social, laboral, familiar, individual, tu infancia, adolescencia y tu estás ahí liado atando cabos sueltos: ¡Joder me estoy viendo a mí mismo y tiene sentido! Empiezas a ver cómo te metes en las relaciones, como las rompes, como te comportas cuando conoces a gente nueva, como gestionas las situaciones de conflicto, te ves desde lejos y te ves actuando, y dices, joder… como pude haber hecho esto y lo otro. Ves qué es lo que transmitías, qué es lo que estabas ofreciendo, qué eras en cada momento. Cuando empiezas a unir la cosas, de verdad, creerme, es una experiencia inolvidable, marca un antes y un después en ti.

Es un respiro poder ponerle nombre a las cosas, porque en serio, llega un momento que crees que estas perturbado, que hay algo que no funciona en ti, que estas volviéndote loco, porque todavía no eres capaz de ver todo desde la lejanía y por tanto no puedes ver las relaciones que tienen una cosas con las otras.

Tienes que hacerte tu, tu sujeto de estudio, tienes que olvidarte y mantener al margen a tu enemigo interior, a tu EGO, que trata de conservarse como es, lucha por protegerse y tapa los ojos. Él intenta decirte que la culpa es de los demás, que estás en lo correcto, que el camino es jodido pero que es culpa de ellos porque te lo están jodiendo de manera deliberada, para dañarte. ¡Qué falso! Acállalo porque es un verdadero enemigo, mejor dicho, no lo acalles porque no vas a poder, pero deja que hable, lejos, deja que su voz se convierta en un murmullo, no le prestes la menor atención y se irá apagando, ¡cuidado que contrataca! Siempre está ahí, pero tu vas a seguir en tu camino, tu vas a seguir en tu búsqueda, sigue encontrando las relaciones entre unas cosas con otras y ¡empieza a descubrir de una vez por todas quién eres!

Amigos, la aceptación es un proceso precioso, a menudo doloroso, por el que tienes que pasar si no quieres quedarte tumbado en el sofá, sufriendo y queriendo a veces desaparecer del mapa. Mereces poder mirarte a la cara y reconocerte. Te verás como un ser débil, ahora, pero tienes que aprender a ver, y poco a poco, empezarás a vislumbrar lo precioso que es aquello que tienes ahí delante, que eres tu mismo.

— Tu eres un ser precioso —

Tienes que empezar a quitarte esa mugre que recubre tu piel y que se ha instalado en ti con el paso de los años, con la repetición de los patrones aprendidos, pero ¿cómo te lo puedes quitar si no lo ves? Por eso tienes que aceptarte, tienes que mirarte, tienes que reconocerte y decirte a ti mismo: lo que tengo frente a mi, soy yo. Y una vez que lo hayas hecho, tienes que perdonarte, esto es muy importante, no vale de nada acuchillarse y maltratarse, conforme vayas ahondando y vayas descubriendo y sacando a palas el lodo del pozo, tienes también que darte un poco de amor a ti mismo, ¡lo que no has hecho en tu puta vida!

Se me erizan los pelos del brazo mientras escribo esto porque lo estoy viviendo ahora mismo, todavía estoy en este proceso, descubriendo día a día más piezas del rompecabezas, y os puedo decir lo fascinante que es y cuánto tiene de liberador.

— Arma tu puzzle. Porque nadie más lo puede hacer por ti —

Y para terminar, desear todo el ánimo del mundo a quién haya podido identificarse con estas palabras. ¡Estamos en el camino! ¡Esta aventura no acaba más de empezar!

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